EDEN (2024): La Isla de la Perdición Irónica
- Jorge Santa Cruz
- 3 days ago
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Hay películas que uno entra a ver con cero expectativas, como quien abre una lata de atún caducada “a ver qué pasa”, y de pronto ¡boom!, resulta que era caviar. Eso me pasó con Eden (2024). Una grata sorpresa en todos los sentidos.
Lo curioso es que la película pudo haber sido aún más loca en la narración. Tenía todo el material: personajes extremos, pasados turbulentos, delirios personales dignos de reality show... pero el guion decidió quedarse en una sobriedad elegante. A mí me hubiera encantado un poco más de caos narrativo —total, ya estaban todos los ingredientes sobre la mesa—, pero incluso así, lo que salió es un festín de ironías disfrazado de “basado en hechos reales”.
Sydney Sweeney: De American Eagle a Águila Real
La gran sorpresa fue Sydney Sweeney. Confieso: no la tenía en mi radar más allá del escándalo de la campaña de mezclilla para American Eagle (sí, esa donde parecía más influencer que actriz). Pues bien, aquí se desmarca y muestra un rango inesperado, con despliegue, fuerza y vulnerabilidad. Si Eden fuera un buffet, ella sería el plato que nadie vio venir y al final todos repiten.
Ana de Armas: Baroness, pero sin delirio
Ana de Armas interpreta a la Baroness, un personaje manipulativo, casi satánico, que le enseña al adolescente Harry Witmer (que encima tiene tuberculosis) que el entusiasmo por la vida puede ser medicina. Bonito mensaje, sí. Pero hay un detalle: el papel pedía delirio, y Ana se quedó en “Ana haciendo de Ana”. No logra desmarcarse de su imagen ni llevarnos al nivel de locura que la Baroness merecía.
Un elenco que son países disfrazados
Cada personaje de Eden es a la vez individuo y metáfora de un país. Todos quieren escapar de una sociedad que los oprime… pero en la isla descubren que arrastran consigo las mismas miserias. La paradoja es deliciosa: creen que un día volverán para arreglar lo que los destrozó, pero sabemos que jamás sucederá. Como quien se va de vacaciones jurando que el lunes empieza la dieta. Spoiler: no.
Momentos que dejan huella
La cinematografía es espectacular, con escenas extraordinarias como Margaret dando a luz rodeada de perros salvajes. Es cine que no solo se ve, sino que se siente en la piel. La música de Hans Zimmer acompaña con contundencia, aunque lejos de sus colaboraciones con Nolan. Aquí Zimmer juega a otro tono, menos épico y más incisivo, pero igual efectivo.
Conclusión: El paraíso no existe (pero el cine sí)
Eden es un festín de glorias y pesadillas. Nadie se salva, ni los buenos, ni los manipuladores, ni los que cargan con enfermedades o traumas. Todos quieren escapar, pero la ironía final es que siguen siendo los mismos, con o sin isla.
En resumen: sorprendente, intensa, bellamente filmada, irónica hasta los huesos… y con una Sydney Sweeney que de repente pasó de “chica de mezclilla” a “estrella que puede cargarse un drama entero”.